Español al día

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El cubano —alegre y jaranero, pícaro y simpático, imaginativo y vivaz— se la-mochila-de-los-librosmuestra de cuerpo entero en su forma de hablar, reflejo inequívoco de su idiosincrasia. La variante cubana del español podrá ser popular —como reflejo de nuestra real y verdadera democracia—, y algunas veces, hasta un tanto vulgar, lo que en dependencia del contexto de que se trate podrá ser aceptable o no, pero es siempre pintoresca… De ahí los ocurrentes piropos, la fraseología popular, el reflejo de nuestro sistema en la lengua que, de esa manera, contribuimos a enriquecer.

Este sitio hace suya la máxima de la Doctora Nuria Gregori Torada, directora del Instituto de Literatura y Lingüística: “[…] el ‘mejor’ español madrileño se habla en Madrid, mientras que el ‘mejor’ español habanero se habla en La Habana y el ‘mejor’ español santiaguero se habla en Santiago de Cuba […]” y, por eso, defendemos el español nuestro, el que se usa en este lado del mundo y en esta islita caribeña.

Como José Martí, pensamos que: “Acicalarse con exceso es malo, pero vestir con elegancia no. El lenguaje ha de ir como el cuerpo, esbelto y libre; pero no se le ha de poner encima palabra que no le pertenezca, como no se pone sombrero de copa una flor, ni un cubano se deja la pierna desnuda como un escocés, ni al traje limpio y bien cortado se le echa de propósito una mancha. / Háblese sin manchas”.

Quiero agradecer de corazón la desinteresada colaboración de Lis Velázquez y su esposo Mijaíl, quienes son los verdaderos hacedores de esta página.

El español nuestro. Salvavidas

el-espannol-nuestroA salvavidas, término usado en Cuba, El Salvador, Nicaragua y Uruguay, para denominar a la “persona encargada de la seguridad de los bañistas en una playa”, le ha aparecido, según el nuevo DRAE, un sinónimo: guardavidas. Con eso no hay problema ninguno, sucede como con sobrecama y cubrecama, usted escoge la variante que prefiere. Recuerde que en Cuba, salvavidas es también el “pliegue de gordura que se forma en alguna parte del cuerpo”.

El español nuestro. Blíster

el-espannol-nuestroEl término blíster, del inglés blisterpack, da nombre al “envase para manufacturados pequeños que consiste en un soporte de cartón o cartulina sobre el que va pegada una lámina de plástico transparente con cavidades en las que se alojan los distintos artículos”, como puede verse en medicamentos, juguetes o piezas.

El español nuestro. Paracaidista

el-espannol-nuestroEl término paracaidista es un sustantivo compuesto que da nombre al “soldado especialmente adiestrado que desciende con paracaídas” y, en general, a la “persona diestra en el manejo del paracaídas”. Sin embargo, es de uso coloquial en Costa Rica, Cuba, El Salvador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela, referido a la “persona que se presenta en un lugar sin haber sido invitada”; en Ecuador, “persona gorrona —que vive a costa ajena—”, que pega la gorra; en Honduras y Uruguay, “persona que tiene una sinecura —“empleo o cargo retribuido que ocasiona poco o ningún trabajo”, una especie de botella, diríamos por acá— y en Nicaragua, “persona que se afinca en un terreno ajeno”.

El español nuestro. Lonchera

el-espannol-nuestroUna nueva en el DRAE es lonchera, del inglés lunch + -era, usado en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Perú, Puerto Rico y Venezuela. El término denomina aquel “recipiente pequeño, de plástico u otro material, que sirve para llevar comida ligera, especialmente los niños cuando van a la escuela”. Entre nosotros, se usa merendero, que hasta hoy significa “sitio en que se merienda” y “establecimiento adonde se acude a merendar o comer por dinero”.

De dónde vienen. Un curioso y lejano parentesco

educacionTodo individuo conoce que el término método da nombre al “modo de decir o hacer con orden, de obrar o proceder; al hábito o costumbre que cada uno tiene y observa”. De igual modo —y esta es la acepción que más nos interesa a los docentes—, es el “procedimiento que se sigue en las ciencias para hallar la verdad y para enseñarla” —y podríamos añadir, o aprenderla.
Por su parte, el excelente Diccionario de María Moliner precisa que método es “procedimiento, sistema” y que se aplica específicamente al “conjunto de reglas, lecciones y ejercicios diseñados para enseñar o aprender algo”. Y añade que en Lógica “se llama así a cada uno de los dos procedimientos, analítico y sintético, de razonar; particularmente, al que se sigue en la investigación científica para descubrir y demostrar algo”.
Otros lexicones redundan en las mismas ideas y dicen que método procede del latín methodus, y este del griego μέθοδος, μεθόδου, con el significado de “camino, procedimiento”. Según la sección de etimología del interesante cibersitio InterClássica —dedicado a la investigación y difusión del mundo griego y romano antiguo— la palabra en cuestión se incorporó al español en 1611 y está compuesta de μετά, “entre, después, trans-” y hodós, “camino, dirección, viaje, costumbre, sistema”.
Sin embargo, solo en el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, de Joan Corominas, hallamos referencia a su curioso y lejano parentesco con episodio, del griego epeisódion, que en el teatro helénico era el nombre de todo el recitado que ocurría entre dos entradas sucesivas del coro y está formada por ep-, “además”; éis, “que entra” y hodós, “camino”, acepción en la que se evidencia la similitud entre ambos términos.
Entre los más usados derivados de método, se encuentran el adjetivo metódico —“hecho con método, que usa de método”—, el verbo metodizar —“poner orden y método en algo”—, el sustantivo metodología —“ciencia del método” y “conjunto de métodos y procedimientos que se siguen en una investigación científica o en una exposición doctrinal” y también en un proceso de enseñanza-aprendizaje— y, por último, el adjetivo metodológico —“perteneciente o relativo a la metodología”, términos todos de uso común para cualquier docente.
Muy cercano está el término procedimiento, en su acepción de “método de ejecutar algunas cosas”, el cual viene de proceder, y este del latín procedĕre, “adelantar, ir delante”, y de ahí “pasar a otra cosa”. Pero si de parentescos curiosos hablamos, quizás sería bueno decir que primos cercanos de procedimiento son proceso, procesar y procesión. ¡Cosas de la lengua!
Métodos y procedimientos son esenciales en la labor del docente, pero también tienen su historia.

Fidel, fidelísimo

Y entre los mambises del bravío Oriente,
sobre un mar de pueblo, resplandece un astro:
ya vemos… ya vemos la cálida frente,
el brazo pujante, la dulce sonrisa de Castro.
[…]
¡Fidel, fidelísimo retoño martiano,
Asombro de América, titán de la hazaña […]!

logo-cannon-palabra-en-combateAsí dijo Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, en su conocido poema “Marcha triunfal del Ejército Rebelde”, escrito el 1.º de enero de 1959, al calor de la emoción y la alegría tremendas por el triunfo revolucionario.
Cuando lo escuché por primera vez, me pregunté el porqué de ese rejuego con las palabras “fidelísimo” —grado superlativo del adjetivo fiel— y “Fidel”. Mucho después supe que, justamente, el nombre propio del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, quiere decir “fiel”. Por otra parte, el segundo nombre de nuestro Comandante en Jefe, Alejandro, es palabra de origen griego, y significa “protector, defensor, salvador”.
Si seguimos la búsqueda etimológica hallaremos que en la lejana Galicia, donde tiene sus ancestros nuestro querido Fidel, los castros, del latín castrum, eran —o son, porque abundan sus restos arqueológicos— “poblados fortificados en la Iberia romana”, la “altura donde quedan vestigios de fortificaciones antiguas” o el “sitio donde estaba acampado y fortificado un ejército”. Y eso es, precisamente, lo que significa el apellido de los líderes históricos de nuestra Revolución y eso son ellos para nosotros: nuestra fortaleza.
El asunto resulta una casualidad histórica o lingüística, porque nadie escoge su apelativo. Aunque hay culturas en las que cada persona adopta su nombre al llegar a la mayoría de edad y luego de haber demostrado lo que es y lo que lo distingue como ser humano, entre nosotros, herederos de la llamada civilización occidental por nuestros antecesores españoles, el nombre que lleva cada cual lo seleccionan los padres cuando esa nueva personita es apenas un recién nacido o antes, cuando aún se halla en el vientre materno.
Más casualidad aún —porque hay muchos Fidel, muchos Alejandro y muchos Castro, y no todos reúnen las cualidades a las que nos referimos, aunque lleven esos nombres— recuerdo a otro Castro que fue también una gran fortaleza para nuestro pueblo: me refiero a Reinaldo Castro, el extraordinario machetero que a golpes de mocha llegó a Héroe del Trabajo.
Como puede ver, amigo lector, hay nombres que tienen historia.

El español nuestro. Amigovio

el-espannol-nuestroDe la fusión de amigo y novio, se incorpora al DRAE amigovio, -a, voz coloquial propia de Argentina, México, Paraguay y Uruguay, que significa “persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo”.
En cuanto a “plomizo, -a, adj. Que tiene plomo. || 2. De color de plomo. || 3. Parecido al plomo en alguna de sus cualidades”, incorpora una nueva acepción “pesado o molesto”.